La temporada de 1980 fue un año que quedará grabado en la memoria de todos los aficionados de Real Sociedad B. Después de años de trabajo arduo y dedicación, el club finalmente logró levantar la Copa del Rey, un trofeo que había eludido a La Real desde su fundación en 1909. El camino hacia este triunfo no fue fácil, pero cada paso estuvo lleno de pasión y determinación.

El equipo, dirigido por el entrenador Alberto Ormaetxea, contaba con una plantilla llena de talento que incluía a jugadores como Jesús María Satrústegui, quien se convertiría en el héroe del torneo. La Real se enfrentó a rivales difíciles en su camino hacia la final, pero su juego atractivo y efectivo les permitió superar cada obstáculo. En la semifinal, La Real se enfrentó al poderoso FC Barcelona, uno de los equipos más temidos de la época, y logró eliminarlo en un partido memorable que dejó a la afición con los corazones en un puño.

La gran final se llevó a cabo el 7 de junio de 1980 en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid, donde La Real se enfrentó al CD Logroñés. Ante una multitud expectante, La Real mostró su calidad y determinación, logrando una victoria convincente que les otorgó el primer título importante de su historia. La celebración posterior fue un momento de unión para todos los aficionados, que salieron a las calles de San Sebastián para festejar el logro de su equipo, creando un ambiente de euforia que perduraría en la memoria colectiva de la ciudad.

Este triunfo no solo representó un hito para Real Sociedad B, sino que también sentó las bases para un futuro brillante. La Copa del Rey de 1980 se convirtió en un símbolo de esperanza y orgullo para los aficionados, y la historia de esa temporada sigue siendo contada con cariño y reverencia. La Real demostró que, a través del trabajo en equipo y la perseverancia, todo era posible, y este triunfo sigue siendo un referente para las generaciones futuras que visten los colores de La Real.