El 1 de noviembre de 2003, el Estadio de Anoeta fue el escenario de un derbi que quedaría grabado en la memoria de todos los aficionados de La Real. El encuentro comenzó de manera adversa para los locales, ya que el Athletic Club tomó una ventaja de 2-0 en el primer tiempo, gracias a los goles de Fernando Llorente y Asier del Horno. La afición se encontraba en silencio, sintiendo que el duelo se volvía una pesadilla, pero la historia estaba lejos de terminar.
En la segunda mitad, La Real, impulsada por el aliento de sus incondicionales seguidores, mostró un espíritu indomable. A los 55 minutos, Nihat Kahveci, con una jugada magistral, logró reducir la ventaja al marcar el primer gol para La Real. Este tanto encendió la llama de la esperanza en el corazón de los seguidores, quienes no dejaron de alentar a su equipo.
Diez minutos más tarde, el estadio estalló de júbilo cuando el joven centrocampista Xabi Prieto, en una de sus primeras temporadas con el primer equipo, igualó el marcador con un disparo preciso que dejó al portero rival sin opciones. La Real, ahora con confianza y determinación, comenzó a presionar más a fondo a un Athletic que no sabía cómo responder ante la avalancha de ataque.
Finalmente, el momento culminante llegó en el minuto 80, cuando el delantero peruano Andrés Guglielminpietro anotó el gol de la victoria. El Estadio de Anoeta se convirtió en un hervidero de emociones, con los aficionados celebrando una remontada que parecía imposible solo unos minutos antes. La Real había logrado lo que parecía un sueño: dar la vuelta a un partido que había comenzado tan mal.
Este derbi no solo fue una victoria en el marcador, sino que simbolizó la resiliencia y el espíritu combativo de La Real. La remontada se convirtió en una parte integral de la narrativa del club, recordada durante años como un ejemplo del poder del trabajo en equipo y la fe inquebrantable de los aficionados. Cada vez que La Real se enfrenta al Athletic Club, los ecos de aquel día resuenan en Anoeta, recordando a todos que, en el fútbol, como en la vida, nunca hay que rendirse.
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